La Mudanza – Parte I


Verano 2004

Había quedado con Sebastien a las 4:00 PM en mi edificio. Me ayudaría a llevar mis pertenencias a su casa. Era 31 de julio, mi contrato de arrendamiento había finalizado y tenía que entregar mi apartamento de estudiante de la rue Rabelais. Era un apartamento pequeñito, de unos 25 metros cuadrados y de un solo ambiente. Mi cama estaba pegada a la pared y tenía por un lado, la ventana y por el otro, la mesa de comer, que a la vez estaba junto a la cocina que constaba de unos pocos gabinetes, el lavaplatos, 2 hornillas eléctricas y una nevera ejecutiva. Lo mejor era el baño: bañera, un espejo que ocupaba media pared y mucho espacio, en comparación con el resto.

Estilo de vida

Allí había estado viviendo el último año, cuando decidí dejar mi maravilloso trabajo y mi deliciosa vida caraqueña. La verdad es que, en Caracas, todo se había ido a la mierda. Era verano del 2003 y estábamos pagando las consecuencias del paro petrolero. Cuando decidí renunciar a mi trabajo en Caracas, ya había llegado el control de cambio, el cierre de muchas empresas y, en consecuencia, la estampida.

La mayoría de mis compañeros de trabajo habían podido ser transferidos a las sucursales de otros países, pero yo no tuve la misma suerte.  Hubo gente que me reclamó el hecho de haber dejado mi trabajo, pero realmente, la mitad de la oficina ya no existía. Aquello era pura desolación y más temprano que tarde me iban a echar. Así que después de deshojar la margarita, me dije: ¡qué carajo, me voy!

Suena como si hubiese sido una decisión fácil pero no lo fue. Llegue a Lyon en septiembre de 2003 a estudiar en la universidad Jean Moulin. Tenía 36 años así que era un poco mayorcita para experiencias estudiantiles. A esas alturas, se suponía que mi vida ya tenía que estar estabilizada. La realidad es que no tenía ni marido, ni hijos, ni hipoteca…y la vida es corta.

El viaje

Recuerdo que viajé con un boleto “standby” de esos que son casi gratis pero no tienes el asiento asegurado. Así que durante cada escala, tenía que rezar a todos los santos para que hubiese un asiento a mi disposición. Mi hermana trabajaba en una línea aérea y ese era uno de sus beneficios (familia incluida). Pero me tocó hacer un trayecto de locos: Caracas-Miami-Dallas-Paris y luego un tren (TGV) a Lyon, con un equipaje para al menos un año. Lo lindo era que si había disponibilidad en primera clase o business, me sentaban allí. Pero repito, era septiembre y la gente estaba como histérica por todos los aeropuertos, regresando de sus vacaciones. Así que en medio de un ataque de ansiedad ante la posibilidad de quedarme varada, pude irme en clase económica hasta Paris, es decir, comida mala, mini cobijita, mucho frío, poco espacio, es decir, lo mismo que le toca al 99,9% de los pasajeros.

Lyon

Llegué a Lyon cuando el verano ya estaba palideciendo. Me pareció una ciudad hermosa pero yo estaba completamente deprimida. No contaba con ese sentimiento porque ya había vivido en el extranjero y poco sufría de homesick. Pero esta vez me pegó brutal, extrañaba todo y nada me confortaba.

Así que entre llanto y llanto, firmé un contrato de arrendamiento, llamé a la compañía de electricidad para activar el servicio, compré una tarjeta SIM para tener un número local y, por supuesto, me inscribí en la universidad Lyon 3.

Había decidido tomar un curso especial para estudiantes internacionales y, adicionalmente, materias del área de marketing  y ventas de las carreras habituales que ofrece la universidad a los estudiantes locales. Fue una experiencia maravillosa. Nunca había estado en Lyon, aunque había vivido en Paris años atrás. Mi francés estaba bastante oxidado así que sería una buena oportunidad de mejorarlo.

Había investigado todo sobre Lyon. El estilo de vida, la comida, la historia, cuán lejos estaba de Paris y lo que me costaría la comida, los servicios y el transporte. Como era de esperarse, me quedé corta. Al principio no tenía noción del valor del dinero, pero 2 semanas más tarde, me di cuenta que me había gastado un dineral y fue cuando comencé a analizar el precio de las cosas y a controlar mis gastos.

Continuará

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